Nuestra hipótesis es que la edad influye mucho a la hora de sufrir un ciberataque. Creemos que los jóvenes (nativos digitales) dominamos la tecnología pero somos demasiado confiados y hacemos clic muy rápido. Por el contrario, pensamos que los adultos tienen menos soltura tecnológica, pero su desconfianza natural les hace caer menos en las trampas.
Tras encuestar a 181 personas, confirmamos nuestra hipótesis: la edad importa. Descubrimos que los jóvenes tenemos peores hábitos de seguridad, ya que un 22% de la ESO repite la misma contraseña para todo, frente a solo un 3% de los adultos. En conclusión, saber usar la tecnología no significa saber protegerse. Los nativos digitales pecamos de exceso de confianza, por lo que la verdadera solución son talleres de concienciación en los colegios.