La rapidez con la que crecen los cultivos, depende de la estructura y el pH del suelo que influyen en la facilidad de absorción de agua y nutrientes.
El pH, el tipo de suelo y la retención de agua son factores interdependientes críticos: el pH determina la disponibilidad de nutrientes (6−7.5 es ideal), mientras que la estructura del suelo (arena, limo, arcilla) determina la capacidad de retención de agua y oxigenación. Un suelo equilibrado (franco) asegura la absorción de nutrientes y agua, evitando toxicidad por acidez o carencias por alcalinidad.