Se postula que una persona analfabeta puede emplear recursos literarios complejos de manera intuitiva, como resultado de su sensibilidad artística, su entorno cultural y su experiencia vital. El resultado esperado de la investigación es confirmar que el autor asimila estructuras métricas tradicionales y figuras retóricas mediante la memoria y la sensibilidad artística, demostrando que el talento poético puede florecer de forma autónoma frente a las limitaciones de la escolarización formal.
Se confirma que el autor incorpora de forma natural patrones de la tradición castellana, como el verso octosílabo y la rima asonante. Tras el análisis, se clasifica al autor como analfabeto funcional autodidacta; se le define así porque, aunque posee habilidades básicas de lectura y escritura, estas son insuficientes para las exigencias de la vida cotidiana moderna y no provienen de una escolarización reglada, sino de un aprendizaje propio y empírico. El estudio revela que utiliza figuras como la metáfora o encabalgamientos y tópicos como el beatus ille por puro instinto artístico. La conclusión principal es que la creatividad no tiene jerarquías académicas: el autor posee un sistema métrico interno forjado por su contexto vital.